octubre 12, 2012

Carta sin remitente.

Ahora sin letras me quedo para ocultar la necesidad de mis brazos por llevarte hacia mí; por sentirte por completo unida a mi cuerpo...

Ven, anochece mientras te emulo torpemente con mis manos
atrapado en el ajustado nudo de mi corbata,
atado por los pensamientos esclavizados entre las paredes secretas de la moralidad, harto de ésta cárcel de harapos que aprisiona mi hombría.
Hombría que atiende tu llamado apuntando al cielo.

Ven, anochece, cae en mí
que mi encanto bohemio desaparece
mi instinto animal surge,
y mi piel se eriza, y mi órgano viril te aclama respondiendo a tu piel, a tu calma.

Querida, anochece, te ofrezco mi regazo
mi espalda, un inexplorado lienzo en blanco.
Recíbeme, permíteme anidar en tus brazos.

Ven, anochece, cae en mí.
Permítame, por esta noche, dejar ser un caballero.


13 de octubre del 2012.
Valencia, Venezuela.


julio 25, 2012

De mis malos hábitos.



Tengo la mala costumbre de despertar con el peso de tu nombre en la esquina de los labios y la necesidad de querer dejar de olvidarte, de no tener nombre por el cual llamarte.

Tengo la costumbre de ser nada,
la necesidad de sustituir al viento, de sostener palabras
de abrir los libros y respirarte,
de cerrar los ojos, las manos, y esperarte.

Tengo la costumbre de recorrer los pasillos de tus páginas,
la necesidad de ser pausa en tu mirada, de aferrarme a tus manos cansadas.
La necesidad de anotar en mi piel el aroma de tus cartas,
esta piel que ha de ser tuya y te reclama.
Tengo la costumbre de acariciar tu ausencia,
la necesidad de sentirme libre estando presa.

Y tengo también la mala costumbre, como el resto, de llamarle "amor" a todo aquello que duele hasta convertirse en letras.

mayo 24, 2012

Ausente.


Desde que no estás mis temores me acompañan,
se apoderó la nostalgia de tu lado de la cama
ya no son tus manos las que desvisten mi cintura
y poco importa si no existen brazos que me cubran.

Desde que no estás me acompaña tu canción
y soy fuerte hasta el estribillo
"tu nombre ya no surge del humo de mi cigarrillo".
Quien sugiere habitar en el exilio de tus dedos
que estoy perdida, que no me encuentro
y poco importa si se detiene el tiempo.

Ahora que no estás mis días tienen 25 horas
Y acaricio tu ausencia, y te beso la sombra
y poco importan las manos que hoy te rozan,
maldita mi piel por poseer memoria.

abril 19, 2012

Pronúnciame.

Pronúnciame entera, hazme desnudez
despacio deja en mi piel tus mejores trazos
como si no existiese el tiempo
hasta que el cielo se incline y la noche extienda sus manos.

Pronúnciame, quiero nacer de tu boca
que mi nombre sea tu idioma
que tus manos sean caricias abandonadas en mi pecho
pronúnciame hasta habitar en ese universo que es tu piel,
al que llamo lienzo.

abril 06, 2012

Te pertenezco.


Cada instante se hace eterno
el desorden de mi cabello en la punta de tus dedos,
tu voz tenue en mi oído: deja tu esencia en mis manos de roca.
Despojas tus lienzos, me tomas, tu erguir me evoca.

Lascivo deseo que impregna mi sexo y humedece tu tacto
mi lengua cautelosa improvisa un monólogo con las líneas de tu pecho,
tus manos leen la forma de mi cuerpo.

Mis uñas suplicantes de tu carne se clavan firmes
vestida de tu piel me contoneo, de su textura me mantengo.
Con tus manos en mi espalda y mis poemas en la cama,
deprisa recorro tu torso y me aferro.
Llueve en mí, me detengo.


marzo 26, 2012

Te amo.

Durante meses estuve andando sin interés alguno hacia dónde iba a llevarme el camino. Sin mirar al frente, cabizbaja. 
Pisando fuerte para dejar huellas que me permitiesen regresar en caso de que querer recordar lo que era antes de arrastrar conmigo el peso de tantas despedidas, ausencias y pérdidas.

En efecto, después de tantos días grises, sonrisas rotas y labios agrietados sentí la necesidad de volver. Recreé mis huellas, regresé y recordé cómo lucía sonriendo; también pude sentir cómo mi espalda y mis hombros descansaban, cómo la carga se hacía más liviana.

Ya no era la tristeza lo que empañaba mis ojos, sino la imagen de ti con los brazos abiertos esperándome, reconociéndome, llamándome "hija".


marzo 23, 2012

Coleccionando memorias.

Nos recuerdo el primer día, intercambiando miradas preguntándonos si estaría bien ser compañeras de asiento. 
Recuerdo nuestra primera conversación: "¿trajo más vestidos tu muñeca?" También mi primer amor, quien luego fue el tuyo; y más tarde el de dos compañeras de clase más. 
Y cómo olvidar las manualidades hechas en madera y escrito en su parte trasera: "seguimos siendo amigas." 
Recuerdo nuestra única preocupación: "tienes un moño más arriba que el otro." 


Nos recuerdo siendo las primeras en alzar la mano para contestar las preguntas de la maestra.
Recuerdo nuestra primera discusión: "¿por qué tú eres reina del salón y yo no?"
Y recuerdo también, mientras empujabas a las demás, tu voz diciéndome: "ganarás porque ellas son feas."

Nos recuerdo indecisas: "si tú vas, yo también."
Recuerdo nuestras fotos y debajo de ellas, nuestro rendimiento escolar en la cartelera del cuadro de honor. Recuerdo también la vez que mi nombre desapareció de el y recibiendo palmadas en el hombro, tú diciéndome: "no importa, eres buena y lo sabes."
Nos recuerdo juntas, tú apoyando en mis hombros tu cabeza, y yo repitiendo que ningún hombre merecía tus lágrimas, que todo estaría bien. Y más tarde, mis lágrimas cayendo en los tuyos. Te recuerdo siendo mi único lugar al que recurrir, quien aprobaba y descartaba pretendientes para mí, quien repetía con tono cansado: "tú y tu inclinación por los idiotas."
Te recuerdo a ti, mi única amiga.

Nos recuerdo días antes de la devastadora noticia de tu partida, abrazadas a la idea de que unos cuantos kilómetros no cambiarían 16 años de amistad, celebrando tu compromiso, conversando sobre mis letras cansadas, mis pasos tristes y entre abrazos, tragos y risas, tú repitiendo: Todo es eventual, está bien. Esto también pasará.

Cuatro meses ya son desde que no estás, y sigues doliendo como aquél día, como dolerás siempre.

"Yo nos recuerdo desde niñas, siempre. Nos recuerdo perfectamente" -V. Sartorelli. 


marzo 18, 2012

Despedida.


Sigue intacta sobre la mesa tu decisión de querer ser feliz obsequiándonos tu ausencia, dejando en blanco tu lugar en la biblioteca, en el clóset y en mi vida. Haciendo trizas todo lo que has encontrado a tu paso, negándome los hombros en los que solía reposar mi cabeza. Despojándome de las tardes acompañadas del café que traía consigo extensas conversaciones y que finalizaban con sus manos acariciando mi cabello. Dejándome sin su abrazo, sin lugar al que recurrir.

Desde entonces la casa nos sigue creciendo, los pasillos se han convertido en laberintos sin fin cuya tarea es resaltar tu partida. La promesa de caminar a mi lado en medio de la tempestad, de llevarme de la mano hasta el final del libro, la murmuran estas cuatro paredes haciendo de mi soledad una carga aún más pesada, mi lucha diaria.

Mientras en este silencio acogedor que se disfraza de ti, me encuentro yo, observando esa colección de recuerdos que ahora es mi techo.
Con las manos colmadas de dudas y a la vez, sin nada. Con los ojos desteñidos y los pasos cansados por el peso de tu ausencia.
Coleccionando noches, reinventando tus manos mientras oigo crujir mis pasos; mientras me escucho desmoronándome.
Despidiendo el día entre lágrimas y despertando para que continúes doliendo.
Fiel a la costumbre de dejar la luz encendida al salir de casa. 
Los libros en el sofá, tu canción en la radio. 
Un cubierto de más en la mesa y nuestra fotografía como insignia.

Todo sigue en su lugar, menos yo.

B.C.P  

marzo 13, 2012

Días sin ti.


Días en los que tu nombre viene a mí como brisa golpeando mi rostro. En los que repito tu canción, en los que temo por ti; buscarte y no hallarte.
Días en los que me pregunto si los abrazos que anhelo darte, son los que al amanecer te despertarán mientras las manecillas del reloj murmuran que ya no estás, que nunca has estado. Las mismas que me piden que te deje ir, que suprima lo que de ti memoricé, que despierte sin nombrarte.

Días en los que ya no estás para regalar paz con tan solo rozarme y causar estragos con tus labios abandonados sobre los míos, desordenando mis convicciones y a su vez, armándolas en un abrazo. En los que me pregunto cómo te encuentras, si puedo hallar entre tus letras alguna respuesta que le dé tranquilidad a mis dedos para no escribirte. Para no sentir nostalgia.

Tardes en las que siento celos de las manos que te exploran, en las que susurro tu nombre, en las que te deseo a solas. En las que me pregunto si alguna vez tus labios han pronunciado mi nombre con la delicadeza y ternura con la que los míos lo han hecho calladamente.
Noches de las que solo eres un espectador de mis argumentos que se pelean con el viento; de mis palabras que viajan a la velocidad de la luz y se estrellan ante tu fría pared cayendo de a poco haciéndolas trizas; convirtiéndolas en cenizas, tú, quien le debe a mis sentidos un sin fin de caricias. Quien siempre puntual a mis letras, se marcha y regresa con un plan diferente para alejarse de mí, para dolerme más.


                                               "Hay días en los que uno no es fuerte" -F. Ariza.

marzo 08, 2012

Hoy fui alguien más.




Mis ojos no pudieron tolerar tanto silencio.
Mi cuerpo buscaba esas caricias que estremecían mis ganas de ser sin obtener respuesta, no hubo alguna en este despertar; el amanecer me hizo ajena a tu cuerpo, desconocida.

Estas colinas en forma de senos, tan tuyas y que recorres tan tenaz siguen a la espera de tus manos. 
A la espera del roce de tu eminente lengua presa del placer que emana de mis piernas, impaciente por la demora del seudónimo que me susurran en cada uno de nuestros encuentros furtivos los poros de tu piel.

Y qué decir de mis labios, narradores de grietas, haciendo un esfuerzo por sucumbir ante los tuyos. Por hacerle justicia al borde de tu sombra, a la orilla de tu espalda.

Desperté a tu vera y allí estabas, lejos de mi norte. 
Bajando en línea recta haciendo tus mejores trazados desordenando la seda que adornaba nuestro lecho ocasionando caos donde el recorrido de tus dedos raudos por mi sexo originaron una perenne paz.
Y allí estabas, difuminando cada huella, cada gota de placer originado por la dulce melodía de mis gemidos. Bordando una despedida, creando esa obra de arte llamada orgasmo.

Desperté siendo a quien no tocas, a quien no miras. A quien no conoces.

Desperté siendo yo.