Durante meses estuve andando sin interés alguno hacia dónde iba a llevarme el camino. Sin mirar al frente, cabizbaja.
Pisando fuerte para dejar huellas que me permitiesen regresar en caso de que querer recordar lo que era antes de arrastrar conmigo el peso de tantas despedidas, ausencias y pérdidas.
En efecto, después de tantos días grises, sonrisas rotas y labios agrietados sentí la necesidad de volver. Recreé mis huellas, regresé y recordé cómo lucía sonriendo; también pude sentir cómo mi espalda y mis hombros descansaban, cómo la carga se hacía más liviana.
Ya no era la tristeza lo que empañaba mis ojos, sino la imagen de ti con los brazos abiertos esperándome, reconociéndome, llamándome "hija".
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